TERCERA CARTA CIRCULAR
DEL PRESIDENTE DE LA COMUSION LITURGICA DE LA ORDEN CISTERCIENSE A LOS MONASTERIOS PARA
CUARESMA Y PASCUA DEL AÑO 2004
PAX
Nunc tempus acceptabile fulget datum divinitus,
ut sanet orbem languidum medela parsimoniae
(Himno del siglo X)
Queridas hermanas:
Queridos hermanos:
Entramos nuevamente en los santos días que nos conducen hacia el centro, la fuente y el punto culminante de todo el año litúrgico y de la vida cristiana: el Misterio Pascual de Jesucristo. En el documento Paschalis Sollemnitatis sobre la celebración de la Pascua y su preparación [=PS] se dice muy bellamente: De la misma manera que la semana tiene su comienzo y punto culminante en la celebración del Domingo, marcado por la característica pascual, así también el culmen de todo el año litúrgico brilla en la celebración del sagrado Triduo Pascual de la pasión y resurrección del Señor, preparada en la cuaresma y prolongada gozosamente por todo el ciclo de los siguientes cincuenta días (PS.2).
“Pascha-Mysterium”: este es el conocido titulo de un concepto clave de la Constitución sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium [=SC], de la cual la Iglesia ha celebrado el jubileo de sus 40 años, el día 4 de diciembre 2003. Este concepto, Mysterium Paschale, que tiene su origen en los Padres de la Iglesia y, a través de la “Teología de los Misterios” del benedictino Odo Casel (+1948), de Maria Laach, ha ganado una nueva significación teológica, es la reunión de la santa pasión, resurrección de entre los muertos y de la gloriosa ascensión de nuestro Señor Jesucristo (SC, n°5). Es el núcleo central del Evangelio y por esto también centro del corazón de la celebración de nuestra fe cristiana.
Ante la central exposición del Misterio Pascual en el Año Litúrgico, se puede comprender que la Iglesia ya empezara en el siglo IV a introducir la Fiesta de las Fiestas, la Pascua, con un tiempo de preparación de cuarenta días (Cuaresma), tomándose el número 40 de la Biblia, especialmente a través de los 40 días de ayuno de Jesús en el desierto (cfr. Mc.,1,13; Mt.,4,2; Lc.4.1). La Cuaresma, según la tradición eclesiástica, tiene un doble fin, al que el Concilio Vaticano II se ha referido con claras palabras: Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante la penitencia, dese particular relieve en la liturgia y en la catequesis litúrgica el doble carácter de dicho tiempo (SC.109). Penitencia, conversión, metanoia y bautismo (recuerdo del bautismo, preparación del bautismo) son por esto también dos importantes guías y temas de la liturgia y de los textos bíblicos de este tiempo de preparación pascual. Ellos vienen ante todo en la nueva ordenación de las perícopas sobre el valor fundamentado sobre el primitivo bautismo cristiano y la práctica penitencial. Desde la última reforma litúrgica tenemos ahora para cada día del tiempo penitencial y del pascual perícopas bíblicas propias. Con lo cual, las lecturas respectivamente elegidas son apropiadas al evangelio. Con esto exclusivamente son empleados textos veterotestamentarios que tengan correspondencia con el tiempo pascual en el cual solamente son aceptadas lecciones neotestamentarias. Desde el lunes de la cuarta semana de Cuaresma, viene leído, en vista de la próxima fiesta de Pascua, diariamente un escogido fragmento de los capítulos 4 al 11 del Evangelio de Juan. Por los demás, se recomienda el escrito Paschalis Sollemnitatis. La práctica pastoral aconseja tener, en las misas feriales de Cuaresma, diariamente una corta homilía (cfr. n°13) en la que se podría hacer atención sobre esta conexión.
Diversas expresivas imágenes enseñan cómo deben comprenderse los cuarenta días de la Cuaresma en su conjunto: Camino, caminada por el desierto o salida hacia la pascua.”Primavera del año litúrgico”, “Ejercicios de toda la Iglesia”, y así sucesivamente. El liturgista Teodoro Schnitzler (+1982) ha comparado una vez los cuarenta días con la antigua basílica: El miércoles de ceniza es como la puerta que nos acoge; los cinco siguientes domingos y semanas corresponden a la nave de la Iglesia: El domingo de ramos se abre en el espacio del coro y, en los tres días de Pascua, somos introducidos en el santa sanctorum, es decir, en comunipon con el altar.
En las anteriores cartas circulares (en la segunda) me he concentrado, ante todo, en el tiempo de Cuaresma como tiempo de preparación y penitencia y en un par de fundamentales reglas litúrgicas para revocar a la memoria, y de las cuales quisiera todavía hablar brevemente para resaltar algo de su importancia:
De otras cosas hablé el año pasado, por ejemplo, sobre usos monásticos llenos de sentido como es la entrega de los libros tal como se contempla en la Regla de San Benito para el comienzo de la Cuaresma (RB.,48,15) y como se ha practicado en nuestra tradición de la Orden ya desde el comienzo.
En esta carta circular ahora quisiera decir algo sobre la Celebración de la Semana Santa y Los tres días de Pascua (pero sin la Noche de Pascua y Pascua, para que la carta no sea tan larga). También esto se encuentra en la publicación de la Congregación del Culto Divino llamada Paschalis Sollmenitatis. Sobre la celebración de la Pascua y su preparación, del 16 de enero de 1988, llena de valor teológico con instrucciones y disposiciones. Tocante a nuestra disposición litúrgica para estos importantes días del año litúrgico se tendrá presente principalmente allí donde los fieles y huéspedes toman parte en nuestra celebraciones, usar los libros litúrgicos romanos o al menos se dejará orientar por ellos para ver qué elementos pueden ser integrados en nuestra liturgia. Hay que tener en cuenta que cada monasterio se encuentra en una propia situación. Pero yo quisiera decir que en el Rituale Cisterciense (Bernardus Verlag, Langwaaden 1998) en la página 44-84, se describen los días pascuales tal como la Congregación par el Culto Divino 1973/1975 los ha aprobado para los cistercienses de la estrecha observancia.
En vista del hecho que nosotros, en nuestra Orden somos cada vez más pocos y tenemos comunidades más ancianas, me pregunto si estas comunidades no deberían hacerse la pregunta que encontramos en el ni 43 de Paschalis Solemnitatis, es decir: ¿No es posible que las pequeñas comunidades religiosas tomen parte en las iglesias más grandes para celebrar los tres días pascuales?
En la Semana Santa o Semana Mayor, en alemán Karwoche (de la antigua palabra alemana KARA, derivada de Trauer = triste), la Iglesia celebra los misterios de salvación, que Cristo en los últimos días de su vida ha llevado a término con su mesiánica entrada en Jerusalén (PS 27).
1. Domingo de Ramos (Domingo de Pasión)
El Domingo de Palmas, cuyo título oficial es, Domingo de Ramos, de la Pasión del Señor es la puerta de la Semana Santa y enlaza desde los más antiguos tiempos
la anticipación de la celebración del real triunfo de Cristo (primera parte) con el anuncio de su Pasión (segunda parte) (PS 28). El quinto domingo de Cuaresma ya no es más el Domingo de Pasión, sino el Domingo de Ramos. Su liturgia empieza con la bendición de los ramos y la procesión.
a) Celebración de la entrada de Cristo en Jerusalén.
Para la memoria de la celebración de la entrada de Cristo en Jerusalén el Misal Romano prevé tres formas:
Primera forma: La procesión.
El muy antiguo principio de una propia procesión es que ella empiece en un lugar que sea distinto del lugar en el que después se celebrará la Eucaristía. Por esto esta primera forma es la más ideal de las tres posibilidades ofrecidas. En el Misal se lee:
Los fieles se reúnen en una iglesia contigua o en otro lugar, llevan en la mano los ramos de olivo o de palma y se dirigen a la iglesia donde tendrá punto final la procesión.
Por esto en algunos monasterios se empieza la Liturgia de la Domingo de Ramos, por ejemplo, en la sala capitular y luego sigue por el claustro hasta la Iglesia (cfr. Rituale Cisterciense, p. 45.51).
Segunda forma: La entrada solemne.
Los fieles se reúnen con los ramos en las manos en la misma puerta de la Iglesia o en la misma iglesia, o también en otro espacio propio, fuera del edificio. Después de la bendición de las palmas, en la proclamación del Evangelio, se dirige el Sacerdote con sus asistentes y los fieles festivamente a través de la Iglesia hacia el presbiterio. De esta forma se desenvuelve por tanto, no en una estrecha procesión sino en una entrada celebrativa.
Tercera forma. Simple entrada.
Esta simplicísima forma, sin bendición de las palmas, no es otra cosa que la acostumbrada entrada del sacerdote para empezar la Misa para la cual el verso de entrada es cantado o recitado.
La propia tradición de la Orden, después de la bendición de las palmas y de la procesión hacia al entrada de la iglesia, se puede sustituir, aunque la primera forma está llena de sentido. Según el Misal Romano – diverso de lo que fue antes- se bendicen las ramos (los fieles llevan los ramos en las manos). Los antiguos cantos cistercienses de procesión, muy apropiados, en primer lugar el Gloria laus et honor de Teodoro de Orleans (+821) y las antífonas Ave Rex noster del siglo X se pueden encontrar en la introducción de la liturgia del Domingo de Ramos (una valiosa canción a Cristo crucificado). El último canto, Ingrediente Domino, puede servir, al ingreso de la entrada de la iglesia, como canto de entrada de la celebración de la Eucaristía. El Kyrie eleison, en contra de una corriente de opinión que dice no ser penitencial sino un grito de homenaje, el nuevo Misal Romano de 2000-2002 recomienda cantarlo en el Domingo de Ramos, después de la festiva entrada (por tanto, antes de la colecta del día).
b) Proclamación de la historia de la Pasión.
Desde la reforma litúrgica correspondiente al año litúrgico, la Pasión del Señor es leída según el Evangelio de Mateo o Marcos o Lucas. A través de compartir los papeles (Cristo, Evangelista, Pueblo), el relato de la historia de la Pasión se hace más vital y permanece más grabado en la memoria. Evidentemente no hay cirios, ni incienso, ni se saluda al pueblo, ni se signa el evangeliario (PS.33).Según las instrucciones de los libros litúrgicos puede tenerse, después de la Pasión, una corta homilía (PS.34), Sobre todo si participan los fieles en nuestra celebración.
c) La Liturgia de las Horas en el Domingo de Ramos.
Desde la reforma litúrgica, el Domingo da Ramos no está ya más en uso como Domingo de Pasión, pero se cantan, desde las primeras vísperas del Domingo de Ramos, los clásicos himnos de Venancio Fortunato (después del 600) Pange lingua, gloriosi, Lustris sex qui iam peractis y el Vexila Regis prodeunt. Así se contempla también en la oficial Liturgia de las Horas de la Iglesia, donde, en efecto, hay una pequeña rúbrica escrita: En los días de las cinco semana de Cuaresma pueden ser tomados para vigilias, laudes y vísperas los himnos de Semana Santa.
LOS TRES DIAS PASCUALES
(EL TRIDUO SAGRADO)
El Documento Paschalis Sollemnitatis da, en el número 38, una profunda introducción teológica para estos días: La Iglesia celebra cada año los grandes misterios de la humana redención desde la misa vespertina del jueves en la Cena del Señor, hasta las vísperas del Domingo de Resurrección. Este espacio de tiempo es llamado justamente el “triduo del crucificado, del sepultado y del resucitado”, y también “Triduo pascual”, porque con su celebración se hace presente y se realiza el misterio de pascua, es decir el paso del Señor de este mundo al Padre. Con la celebración de este misterio la Iglesia, a través de los signos litúrgicos y sacramentales, se asocia en íntima comunión con Cristo su esposo.
2. El Gran Jueves
Este día tiene, según la tradición, muchos nombres: el Gran Jueves o el Jueves Santo, y en los libros litúrgicos de la Iglesia es llamado: Feria quinta in Coena Domini. En alemán se llama a este día Jueves Verde, pues verde, originalmente en el viejo alemán greinen viene de llorar. Era el jueves del llanto en el que los lloros de los pecadores públicos, las lágrimas de los arrepentidos y también de los contentos, porque ellos, en este día eran aceptados por el Obispo nuevamente en la comunidad. Con esta misa de la ultima cena, los cuarenta días de penitencia pascual llegan oficialmente a su final y empiezan ahora los tres días pascuales. Esto concretamente significa que la Liturgia de las Horas hasta la misa vespertina todavía está bajo el signo de la Cuaresma o bien de la Semana Santa. Por esto han tomado estrictamente su lugar en la celebración las Lamentaciones y Tristeza en el Viernes Santo y Sábado Santo (PS.40), aunque, prácticamente, todavía empiezan, como antes, ya en el Jueves Santo. [Lo que significan los signos tristes en los monasterios alemanes se explica en el libro publicado por la abadía benedictina de Munsterschwarzch Treumettem in der Karnwoche, Freiburg-Munsterschwarzch 1980 (extracto de: Antiphonale zum Stundenbuch ) así como de: Werkbuch zum Gotteslob, vol 2, 209-216 y el Munchner Kantorale].
a) El Lavatorio de los pies.
Con el Gran Jueves está vinculado, en la tradición, el uso del Lavatorio de los pies, que tiene sus raíces en la primitiva praxis bautismal cristiana y en la monástica liturgia doméstica. La Regla de nuestro Padre San Benito, por ejemplo, conoce el semanal lavatorio de los pies al terminar los hermanos el servicio del refectorio, y el lavatorio de los pies que el Abad y los hermanos hacen, cuando reciben huéspedes en el monasterio (RB.53,9). Precisamente en los viajes de los monjes, el lavatorio de los pies se considera incluso como sacramento, así abiertamente todavía por nuestro San Bernardo en el siglo 12. En el Gran Jueves, el Lavatorio de los pies recibe un profundo significado teológico que la Iglesia compara al servicio de amor del Redentor, que lavó los pies de sus discípulos y lo ha dado como mandamiento, por esto, el Lavatorio de los pies también es llamado Mandatum: Si yo, que soy el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros (Jn.13,14-15 = Evangelio de la Misa vespertina).
En nuestra Orden, estuvo en uso, desde sus comienzos, la tarde del Jueves Santo, en la sala capitular o en el claustro, y tenía lugar después de la lectura del Evangelio. Donde todavía se hace esto, tendría pleno de sentido hacerlo dentro de la misa vespertina (Rituale Cisterciense, Langwaden 1998, p.55). El Lavatorio de los pies no es para repetir la escena bíblica (¡el numero doce no es posible hallarlo!) sino para mostrar, según el ejemplo de Cristo, el ejemplo de servicio de caridad. Lo que los cantos significan para el Lavatorio de los pies, en la perspectiva del Gran Jueves, tiene su profundo sentido tanto si, según la tradición de la Orden se hace fuera de la misa, como si, según el modelo de la liturgia romana, se hace en el interior de la misa. En la Orden, siempre fue costumbre que se tenga después de la lectura del c.13 del Evangelio de Juan. Por esto, si ya se ha leído Jn.13,1-15 en el lavatorio de los pies antes de la misa vespertina, se puede leer aquí Lc., 22,24-30. (Cfr. Rituale Cisterciense, Langwaden 1998, p. 55).
b) La misa de la ultima cena.
El documento Paschalis Sollemnitatis conduce al contenido de esta celebración con las palabras siguientes: Con la misa celebrada en las horas vespertinas del Jueves Santo, la Iglesia da comienzo al Triduo pascual, en la noche en la que había de ser entregado, amando hasta el extremo a los suyos, que eran en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y Sangre bajo las especies de pan y vino y las dio a los apóstoles en alimento y les mandó, y también a sus sucesores en el sacerdocio, hacer ofrecimiento de ellos (PS.44).
Toda la atención del alma debe dirigirse a los misterios que en esta Misa principalmente son recordados, es decir la institución del orden sacerdotal y el mandamiento del Señor de la caridad fraterna. Todo esto debe ser explicado en la homilía.(PS.45).
Referente a la celebración de la misa vespertina, recuerdo, evidentemente, que sea celebrada en la hora competente de la víspera. (PS.46). Según la vieja tradición de la Iglesia hoy, en el Gran Jueves, son prohibidas todas las misas sin comunidad. (PS.47). El tabernáculo debe estar totalmente vacío antes de la celebración. Las hostias para la comunión de la comunidad monástica y los fieles tienen que ser consagradas en la misa vespertina y el pan consagrado debe ser suficiente también para la comunión del Viernes Santo (PS.48). Como es uso en la Orden, suenan, durante el Gloria de la misa vespertina, las campanas según nuestras prescripciones hasta el Domine Rex coelestis, y después enmudecen hasta el Gloria de la noche de Pascua (PS. 50).
Después de la conclusión de la oración de la celebración de la Eucaristía, tiene lugar la procesión en la que el Santísimo es conducido, a través de la Iglesia, al lugar de la reserva. Lo que significa este lugar de la reserva del Santísimo, lo dicen la siguientes prescripciones litúrgicas, cuya solicitud abiertamente es hacer comprender su sentido teológico y práctico: Se reserve una capilla para custodiar el Santísimo Sacramento y sea adornada convenientemente, para que pueda facilitar la oración y la meditación; se recomienda el respeto de aquella sobriedad que conviene a la liturgia de estos días, evitando y suprimiendo todo abuso contrario. Si el sagrario está colocado en una capilla separada de la nave central, conviene que en ella sea preparado el lugar para la reserva del Santísimo y su adoración (PS.49).
El Sacramento sea custodiado en un sagrario cerrado. No se puede hacer nunca la exposición con la custodia. El tabernáculo no debe tener la forma de sepulcro. Sea evitado el mismo término de “sepulcro” para nombrar la capilla de la reserva que no debe ser preparada como para representar la “sepultura del Señor”, sino para custodiar el pan eucarístico para la comunión que será distribuida el viernes en la pasión del Señor (PS.55).
Sin embargo, para esto hay que remarcar que, en determinados contextos, este llamado Santo Entierro tiene una larga tradición en el pueblo. Según las circunstancias, se podría, en nuestro contexto monástico por ejemplo, utilizar la sala capitular como lugar de la reserva, principalmente allí donde en esta sala hay un altar. Según el uso litúrgico podría tenerse allí, ante el Santísimo, una adoración nocturna (“Hora de los Olivos”) unida, por ejemplo, con las completas.
Sean invitados los fieles a estar en la iglesia, después de la Misa de la Cena del Señor, por un congruo espacio de tiempo en la noche, para la debida adoración del Santísimo sacramento solemnemente custodiado allí en este día. Durante la adoración eucarística puede ser leída alguna parte del Evangelio de San Juan (cc.13-17).Después de la medianoche, se haga la adoración sin solemnidad, desde el momento en que ya ha comenzado el día de la pasión del Señor (PS.57).
Después de la celebración de la Misa vespertina, tiene lugar la denudación del altar, que en el Medioevo era muy dramático. Las toallas de los altares, después de la celebración litúrgica, como era costumbre originalmente, son quitadas, pero toma en el Jueves Santo una especial significación: Es comprendido como un signo de tristeza porque el Señor es desnudado de sus vestidos. Las normas litúrgicas dicen para esto lo siguiente: Terminada la Misa es desnudado el altar de la celebración. Está bien cubrir las cruces de la iglesia con un velo de color rojo o morado, a menos que no hayan sido ya cubiertas el sábado antes del quinto domingo de Cuaresma. No pueden ser encendidas luces ante las imágenes de los santos (PS.57).
3. EL VIERNES SANTO.
El Viernes Santo se llama, oficialmente, Feria Sexta in Passione Domini, pero en muchos idiomas se llama Viernes Santo. El alemán Karfreitag significa Viernes de la Tristeza. Paschalis Solemnitatis aclara muy bellamente el significado teológico de este santo día: En este, en el que Cristo “nuestra Pascua ha sido inmolado”, la Iglesia con la meditación de la pasión de su Señor y esposo y con la adoración de la cruz conmemora su origen del costado de Cristo, que reposa sobre la cruz e intercede por la salvación de todo el mundo (PS.58). También aquí quisiera poner en relieve algunos importantes aspectos para el digno desarrollo de la celebración litúrgica del Viernes Santo, pues ella, en su totalidad, está bien descrita en el Misal Romano y también en el Rituale Cisterciense (Langwaden 1998,p.58-68).
Según una muy antigua tradición, la Iglesia no celebra en el Viernes Santo ninguna Eucaristía para los fieles durante la celebración de la Pasión y Muerte de Cristo. Se distribuye la santa comunión consagrada en la misa vespertina (PS.59). Dado que una parte de liturgistas y teólogos se han pronunciado contra la distribución de la comunión en el Viernes Santo (invocando una vieja tradición), se empieza en algunas parroquias y comunidades a abandonar simplemente esta práctica, que contradice claramente las normas litúrgicas dadas desde 1955 hasta hoy. La celebración de la comunión está prevista en los nuevos libros litúrgicos como una parte integrante de la liturgia del Viernes Santo y comprende tres partes: a) servicio de la Palabra; b) veneración de la cruz; c) celebración de la comunión.
La Celebración de la Pasión y Muerte de Cristo encuentra su lugar en la tarde, hacia las 15.00, aunque por razones pastorales se puede tener en otra hora, pero no después de las 21 (PS.63).
La Historia de la Pasión según san Juan será cantada o leída de la misma manera como en el Domingo de Ramos. Según la instrucción de Paschalis Sollemnitatis sigue después una homilía: Las lecturas sean proclamadas íntegramente. El salmo responsorial y el canto del Evangelio sean hechos de la manera acostumbrada. La historia de la pasión del Señor según Juan se canta o se lee como en el domingo precedente (cfr. n.33). Terminada la historia de la pasión, se haga la homilía. Al final de ella, los fieles pueden ser invitados a guardar silencio para una corta meditación (PS.66).
De la Oración Universal o de las diez grandes peticiones, tomadas de la antigüedad, el sacerdote puede, si lo quiere, escoger algunas convenientes a las circunstancias locales, pero en esto debe observar el orden de las peticiones previstas para las peticiones en la oracional general. (PS.67).
Me parecen importantes las instrucciones litúrgicas para la adoración de la Cruz: La cruz para mostrar a los fieles debe ser suficientemente grande y de valor artístico. Para este rito se escoja la primera o la segunda fórmula indicada por el misal. Todo este rito sea realizado con el esplendor y la dignidad que conviene a tal misterio de nuestra salvación: sea la invitación hecha en el momento de mostrar la santa cruz sea en la respuesta dada por el pueblo, háganse con canto. No se omita el silencio reverente después de cada postración, mientras el sacerdote permanece en pie teniendo elevada la cruz (PS.68).
La primera de las formas mencionadas aquí es la tradicional: una cruz cubierta viene descubierta en tres momentos y mostrada a los fieles; la segunda: es mostrada una cruz descubierta: la cruz (¡solamente una!) es ofrecida a cada uno de los fieles para ser venerada, dado que la adoración personal es un elemento fundamental de esta celebración (PS.69), excepto que la reunión litúrgica fuera muy grande. Según la más reciente edición del Misal Romano (2000/2002), el sacerdote debe personalmente venerar la cruz, según las posibilidades, sin la casulla y sin zapatos. Esto corresponde a una antigua tradición litúrgica que también nuestra Orden conocía desde sus orígenes hasta los últimos años (en algunos monasterios de la Orden la comunidad no llevaba zapatos durante la liturgia del Viernes Santo). Según el mismo Misal Romano, se puede acompañar la adoración de la Cruz también con la pericopa, atribuida a Jacopone da Todi (+1306), de la secuencia Stabat Mater Dolorosa .
Todavía se puede observar lo que describe al Paschalis Sollemnitatis en el número 71:
Después de la celebración se procede a desnudar el altar, pero dejando sobre él la cruz con cuatro cirios.
El documento recomienda para el Viernes Santo los ejercicios de piedad (vía Crucis, procesiones de la Pasión o memorias sobre los siete dolores de María etc.), pero deben ser de tal manera programados que no sean en detrimento del punto central de la Liturgia, que supera todas estas memorias o prácticas piadosas. (PS 72).
4. SABADO SANTO
En el lenguaje litúrgico, este DIA es llamado el Sábado Santo. Otra significación es el Sábado Silencioso. La palabra alemana Karmsamstag significa el Sábado de la Semana Santa y recuerda, como el Viernes Santo, el Sábado de la tristeza. El Sábado Santo será siempre significado como un día no litúrgico, esto es expresado en la Liturgia de las Horas, pero no la Liturgia eucarística –que no la hay- y por esto el altar permanece despojado. La descripción del sentido del Sábado Santo la hallamos en Paschalis Sollemnitatis así: En el Sábado Santo la Iglesia descansa junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, el descendimiento al seno de Abrahán y esperando en la oración y en el ayuno la resurrección (PS.73).
De ahí se prueba la sugerencia: Pueden ser expuestas en la iglesia para la veneración de los fieles la imagen de Cristo crucificado y yaciente en el sepulcro o una imagen de su descendimiento a los infiernos, que ilustre el misterio del Sábado Santo, o bien la imagen de la Dolorosa (PS.74).
El Sábado Santo perdió su carácter propio con la nueva ordenación de la celebración de la Noche Pascua en el año 1951, ya que hasta entonces se empezaba la Pascua antes del mediodía del Sábado. Por esto el romano documento, que tanto citamos, dice: Los fieles deben ser instruidos de la particular naturaleza del Sábado Santo. Las costumbres y tradiciones de fiestas relacionadas con este día para la celebración pascual que antes era anticipada al Sábado Santo, se reserven para la noche y el día de Pascua (PS.76).
Con la misa vespertina del Jueves Santo, la Iglesia empieza la celebración de los tres días pascuales de tal manera que la Liturgia de las Horas del Viernes Santo y del Sábado Santo está toda ella bajo el signo del Misterio Pascual. La Introducción general a la Liturgia de las Horas da, para estos tres días, (dos) las reglas y recomendaciones siguientes:
Como he escrito en las dos cartas circulares anteriores ( la n.2), los nuevos libros litúrgicos y los usos primitivos no conocen, en estos días, unir la liturgia de las horas, mientras que, por ejemplo, no se omite ningún himno ni doxología y los salmos son cantados con Gloria al Padre al final. Este uso en nuestra Orden fue dejado ya en 1960 con la edición del Oficio del Triduo de la Semana Santa, según el Rito Antiguo Cisterciense (Westmalle 1960).
En cambio, también en la Romana Liturgia de las Horas se canta de nuevo el Viernes Santo y Sábado Santo en Laudes y en Vísperas el responsorio Cristus factus est, en lugar del responsorio después de la lectura corta y, por tanto, antes de la antífona del Benedictus y la del Magnificat. El texto completo (también como) es cantado en el Sábado Santo, pero los dos días precedentes se canta incompleto porque se adapta al carácter de cada día.
La romana Liturgia de las Horas tiene, en el Viernes Santo, para las Horas menores y en Sábado Santo para todas las horas, himnos propios que están determinados por el carácter especial de estos días. Estos himnos latinos se encuentran en el Breviario de Heiligenkreuz y también en el Himnario de Heiligenkreuz (con su melodía).
II COMUNICACIONES
1. NUEVAS FIESTAS DE LOS SANTOS (EN EL DIRECTORIO)
Quizá ya han observado ustedes que en el Directorio del Oficio Divino de la Orden Cisterciense 2003/2004 aparecen nuevas fiestas de Santos, pero que para éstas y también para las anteriores (paginas 118-156) son ofrecidos textos latinos propios en un apéndice (páginas 118-156) (para la traducción de estos textos propios son competentes las Conferencias episcopales de cada país). Todas estas nuevas memorias encuentran entrada en las últimas novedades del Misal Romano (tercera edición típica 2002) y por consiguiente también en el Calendario de la Iglesia universal y naturalmente también en el nuestro. Estas nuevas memorias, con una excepción facultativa, son las siguientes:
[Cfr. Nuevos santos en Gottesdienst 38(2004) Heft 2.p.14]
Aprovecho aquí la oportunidad para agradecer a nuestro Directorista Fr. Xavier Guanter de Poblet su gran trabajo en la responsabilidad de la redacciúon de Directorio. A él hay que enviar las propuestas y cambios que se desean introducir en el Directorio.
Lo que ya dije anteriormente he mencionado sobre las novedades del nuevo Misal Romano de 2000/2002, todavía hay que esperar años, hasta que pueda aparecer en lengua materna, porque tengo noticia de que todavía no se ha empezado con la traducción en alemán y en los países de lengua francesa…
La culpa de ello parece ser la muy ambiciosa y extensa traducción de la Romana Liturgia auténtica (= Quinta instrucción para la justa aplicación de la constitución sobe la Santa Liturgia del Concilio Vaticano II, del 7 de mayo 2001) que da muy estrictas reglas y criterios para la traducción de los textos litúrgicos.
SACROSANCTUM CONCILIUM.
El 4 de diciembre 2003 fue el 40 aniversario de la promulgación de la Constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium que fue saludada como primer texto del Concilio Vaticano II. El Papa Juan Pablo II ha honorado este jubileo el 4 de diciembre de 2003 con su bella carta apostólica Spiritus et Sponsa. El texto ha aparecido ya en diversas lenguas en el Osservatore Romano, del 16 de enero 2004.
Con esta ocasión, también algunas conferencias episcopales o individualmente algunos obispos han dado algún documento. En diversas universidades e institutos litúrgicos, como por ejemplo en Roma, Paris, Trier, Erfurt, Fribourg, se tuvieron, con esta ocasión, congresos y encuentros sobre la Constitución Litúrgica.
Quisiera todavía esperar que en los monasterios de habla alemana al manos se observará la carta pastoral de los obispos alemanes del 24 de junio 2003 sobre la vital celebración de la Liturgia.
* * *
La próxima carta circular probablemente aparecerá en Adviento de 2004. Por causa de un largo resfriado, por desgracia, no apareció la carta circular de Adviento 2003.
Con el deseo de bendición para un fructuoso tiempo de Cuaresma y de Pascua, os saludo a todos cordialmente.
Vuestro fr Alberich M. Altermatt. O,Cist.
Monasterio de Eschenbach (Suiza), 22 de febrero 2004.