«1. Me sedujiste, Señor, y quedé seducido; fuiste más fuerte y ganaste. Oí tu voz que decía: Venid a mí los que os fatigáis y estáis cargados, y yo os aliviaré. Fui a ti; creí lo que dijiste; mas ¿en qué me has aliviado? Antes no me fatigaba, y ahora me fatigo y casi desfallezco bajo la fatiga. Antes no estaba cargado, y ahora el peso me agota.
2. También dijiste: Mi yugo es suave y mi carga ligera. ¿Dónde está esa suavidad?, ¿dónde esa ligereza? Ya me fatigo bajo el yugo y desfallezco bajo la carga. Miré alrededor y no encontré auxiliador, busqué y no hubo quien me ayudara. ¿Qué es esto, Señor? Ten compasión de mí, porque soy débil.
3. ¿Dónde están tus antiguas misericordias? Nuestros padres, predecesores nuestros en este camino ¿conquistaron acaso la tierra con su espada? ¿Les salvaron sus propios brazos? De ninguna manera: fue tu brazo y la luz de tu rostro. ¿Por qué? Porque te complaciste en ellos. Tú eres ese mismo Rey mío y Dios mío, el que has enviado la salvación a Jacob. Señor, ¿qué te ha desagradado en mí? ¿Por qué no juzgas a tu siervo? Ante el obsequio de la pecadora dijiste: Ha hecho lo que ha podido. ¿Es que yo no hice lo que pude? Creo incluso que hice más de lo que parecía poder.
4. Respuesta del Señor. Hijo mío no desdeñes la disciplina de tu Padre, ni te abatas cuando te contradice; pues el Señor castiga al que ama, azota a quien adopta por hijo suyo. ¿Qué hijo hay a quien no le corrige su Padre? Si te encuentras al margen de la disciplina no eres hijo sino un bastardo.
5. No te seduje, hijo; te guié dulcemente hacia aquí. Lo que. te dije y lo que se te gritó, venid a mí, se dijo a todos. Mas no a todos les es dado el venir. Pero a ti se te ha dado, y con preferencia a otros muchos que se tienen por ricos y poderosos. ¿Me porté mal beneficiándote? Murmuras porque no te alivio. Si no te hubiese aliviado ya habrías sucumbido.
6. Gimes bajo mi yugo; te fatigas bajo mi carga. La caridad da suavidad a mi yugo y ligereza a mi carga. Si tuvieras caridad sentirías esa suavidad. Si te amara la carne, no penaría; y si penara, la caridad la suavizaría. No podrás llevar tú solo mi carga y mi yugo; pero si los llevas teniendo por compañera la caridad, muy pronto te maravillarías de su suavidad.
7. Respuesta: Señor, acabo de decirte que he hecho cuanto he podido. Lo que me parecía haber recibido como mío, mi pobre cuerpo y mis débiles miembros, lo he puesto a tu servicio. Si hubiese .estado en mi mano el poseer la caridad, tiempo ha que hubiera sido perfecto. Si no me la das no la tendré; y si me falta, no podré subsistir. Tú sabes lo poco que puedo. Tú lo ves. De esto quita cuanto quieras, pero concédeme la íntegra y perfecta caridad.
8. El Señor: Quieres que supla tu impotencia y te dé por añadidura la fuerza que solicitas. Vamos, hijo, acoge la disciplina. Sin camino no se va a ninguna parte. ¿Buscas la caridad? Pues ya estás en el camino que lleva a la vida. Si no dejas el caminó llegarás a donde tiendes. Yo te precedo. Sigue, y mira cómo voy delante. He sufrido fatigas y conviene que tú las sufras. Padecí muchísimo y conviene que tú padezcas algo. La obediencia es el camino de la caridad; abrázala y llegarás. Comprende que la caridad es algo muy excelente, y digna de ser comprada a muy alto precio, pues Dios es caridad. Y cuando la alcances, ya no penarás más.
9. Respuesta. Señor, no se oculta a tu mirada ninguno de mis huesos que tú formaste, ni tampoco mi substancia en las profundidades de la tierra. Tus ojos han visto mi miseria. No me atrevo ni quiero pedirte que me eximas de la fatiga, pero mientras carezco de caridad ¿quién compartirá mis esfuerzos?
10. El Señor. Yo lo hice, yo lo llevaré. Mas si te muestras ingrato por los beneficios recibidos, te juzgarán indigno de recibirlos mayores. Ya has recibido en parte la caridad, pero tú lo ignoras o eres un ingrato. La caridad es la misma sabiduría, y el principio de la sabiduría es el temor del Señor. El temor de Dios te trajo hasta aquí y te estableció en este lugar; y si te llegara aquí el fin, partirás seguro. Hasta aquí te trajo, aquí te estableció y te mantiene. ¿Es poco lo que has progresado? ¿Es poco lo que has recibido?
11. Respuesta. En verdad, Señor, te has hecho nuestro refugio. A ti me he acogido. Enséñame y haz que cumpla tu voluntad. Te compadeciste y apiadaste del pueblo que te seguía en el desierto, y le diste alimento para que no desfalleciera en el camino. También yo comencé a seguirte en el desierto, y resolví guardar los juicios de tu justicia. Con tu gracia no .desertaré, no te abandonaré hasta que me lleves al final o desfallezca tras de ti, si es que puedo desfallecer detrás de ti. Sé que incluso si él cuerpo se debiüta y desfallece alguna vez, nunca sucumbiré si no me aparto de ti; por el contrario, aun de mis debilidades sacaré provecho, si es que tú no me abandonas retirándome la paciencia.
12. Ten compasión de mí, Señor; mira mi pequenez y pobreza, ayúdame y llévame porque estoy enfermo y débil en cuerpo y alma. Inspira a tus hijos y siervos que te aman, que me ayuden y me lleven, y que por mi miseria se les aumente el premio de su paciencia y su misericordia. Soy tuyo, sálvame.
13. En tus manos encomiendo mi espíritu. Enséñale, dirígele, consuélale, confórtale e ilumínale. Dame la sabiduría que comparte tu trono para que esté conmigo y conmigo trabaje, y así sepa en todo tiempo lo que agrada a tus ojos. No me excluyas de entre tus hijos, pues soy tu siervo y el siervo de todos tus siervos.
14. Con respecto a mi cuerpo, Señor, no sé qué pedirte. Más tú sabes lo que le conviene. Si es de tu agrado, que tenga salud y se encuentre sano. Pero si así lo quieres, que languidezca y enferme; y cuando te plazca que muera lo que debe morir, con tal que el espíritu se salve en aquella hora. Una sola cosa imploraré de tu misericordia con respecto a mi cuerpo: que mientras vivo, me enseñes a gobernarlo y guardarlo para que no consienta en nada a sus placeres ni le prive de lo necesario.
15. La caridad es el fin de la Ley; también el fin de mi oración. Dame, Señor, la caridad, tú que quisiste llamarte caridad, para que te ame más que a mí mismo y en modo alguno me preocupe qué deba hacer de mí, con tal que practique siempre lo que es agradable a tus ojos.
16. Concédeme, Padre, ser siempre, no me atrevo a decir tu hijo, pero sí tu fiel siervecillo y oveja de tu rebaño. Habla, Señor, alguna vez al corazón de tu siervo, y que tus consuelos alegren mi alma. Enséñame a hablarte con más frecuencia y presentarte, Señor y Padre mío, toda mi pobreza e indigencia. Fortaleza mía, compadécete de mi debilidad, y que mi flaqueza, perseverante en tu servicio, sea tu gran gloria. Amén».
(Guillermo de Saint Thierry,Carta de Oro y Oracíon Meditadas, a cura de J. M. De la Torre, Monte Carmelo 13, Burgos 2003, p. 283-288).
Tradução em Português:
Deixei-me cativar
«l. Uma queixa, uma censura: Deus o enganou, Signy é duro demais. Guilherme não tem mais forças! "Tu me seduziste. Senhor, e eu me deixei prender; foste o mais forte, venceste!" (Jr 20,7). Ouvi Tua voz que dizia: "Vinde a Mim vós todos que penais e estais sobrecarregados e Eu vos aliviarei" (Mt 11,28). Eu vim a Ti, acreditei na Tua Palavra, mas por ventura me consolaste? Não sofria, mas agora sofro e, tanto, que sucumbo à dor. Não estava sobrecarregado mas agora estou vergado sob o peso do fardo, mas Tu disseste: "Meu jugo é suave e meu fardo é leve" (Mt 11,30). Onde pois, se encontram essas suavidades? Onde esta leveza? Agora não posso mais sob o jugo, caio sob o peso do fardo. Lancei um olhar à volta, mas não vi ninguém para socorrer-me! Procurei mas não achei ninguém para ajudar-me! Que é isto, Senhor? Piedade! Pois estou enfermo. Onde estão Tuas antigas misericórdias? Acaso nossos Pais que nos precederam neste caminho, conquistaram esta terra com a sua espada? Foi o Teu braço e a luz radiosa de Tua face! Por quê? Porque puseste neles Tua complacência. Tu, Senhor, meu Rei e meu Deus que deste as vitórias de Jacó! (S1 43, 2.4.5). Mas em mim. Senhor, o que Te desagradou? Por que não fazer justiça para com Teu servo? Diante do sofrimento da pecadora disseste: "Ela fez o que pôde" (Mc 14,8). E eu não fiz o que pude? Parece-me que fiz mais que podia?
2. Resposta: A provação não é um sinal da rejeição de Deus.
Resposta do Senhor: Meu filho, não negligencies a correção de Teu Pai e não te deixes abater quando sua mão pesa sobre ti. Pois o Senhor castiga aquele que ama e usa o chicote com aquele que reconhece como seu filho. Qual é o filho que não é corrigido por seu pai? Se os golpes não te atingem, não és um verdadeiro filho, mas um bastardo. Não te seduzi. Meu filho, mas guiei-te docemente até aqui. A Palavra que te dirigi, que Me ouviste proclamar: "Vinde a Mim", é lançada para todos, mas nem a todos é dado seguir este apelo. De preferência a muitas pessoas que se estimam ricas e poderosas, a ti isso foram dadas. Agi mal contigo, concedendo-te este benefício? Tu murmuras, porque não te consolo, mas se já não te tivesse consolado, terias sucumbido há muito tempo! Tu gemes sob Meu jugo e te fadigas sob Meu fardo, mas é o amor que dá a Meu jugo a suavidade e a leveza a Meu fardo. Se tivésseis bastante amor, sentirias esta suavidade; se tua carne Me amasse (amas a Mim?), não penaria tanto, ou se penasse, o amor aliviaria esta pena. És incapaz de levar sozinho Meu fardo e Meu jugo, mas se o amor se juntar a ti para suportá-los, para teu grande espanto, experimentarás imediatamente sua suavidade.
3. Resposta: Pois bem. Senhor, dá-me esta caridade!
Resposta: Senhor é como Te disse: fiz o que podia!O que parecia estar em meu poder - meu pobre corpo, meus membros enfermos - pus a Teu serviço; se estivesse em meu poder ter o amor, há muito seria perfeito. Se não mo dás, não o posso ter; e se não o tenho, não posso agüentar. Sou capaz de muito pouca coisa. Tu o sabes. Tu os vês? Tira pois desta miséria o que quiseres, mas dá-me este amor em sua plenitude e perfeição.
4. A caridade não se adquire assim: mas quando se aceita o trabalho.
O Senhor: devo pois suprir ao que te falta e dar-te por acréscimo este amor que reclamas. Submete-te antes, Meu filho, à provação, não se vai a parte alguma sem tomar o caminho que para lá conduz. Queres o amor? Pois bem, tomaste o caminho que conduz à vida; se não o abandonas, chegarás à meta desejada. Ando à tua frente, deves apenas por teus passos sobre os Meus. Sofri, mas suportei, deves também sofrer. Suportei muitas dores. Compete a ti também sofrer um tanto. O caminho que conduz ao amor é a obediência; fica firme neste ponto e chegarás. Saiba que o amor é um imenso tesouro, vale a pena o esforço para adquiri-lo. Sim, Deus é Amor, quando tiveres obtido o amor não te afligirás mais.
5. Enquanto não tenho a caridade, quem me ajudará?
Resposta: Senhor, meus ossos que formastes não escapam aos Teus olhares, assim como minha substância tecida nas profundezas da terra. Teus olhos vêem minha miséria, não quero nem ouso pedir que se afaste de mim a aflição, mas enquanto não tenho amor, quem me ajudará a suportá-la?
6. Eu, diz o Senhor, mas é preciso que não sejas ingrato.
O Senhor: Fui Eu quem te carreguei até aqui e carregar-te-ei ainda (Is 46,4). Mas se te mostrares ingrato com os benefícios já recebidos, serás julgado indigno de receber outros maiores. Já recebeste em parte o Dom do amor, mas ou não percebeste isto ou és um ingrato. O amor é a sabedoria propriamente dita e o temor do Senhor é o seu começo. O temor de Deus conduziu-te até aqui, levou-te até um lugar que te assegurará, se nele perseverares, um final feliz. Conduziu-te até aqui, aqui te estabeleceu, aqui te retém. Acaso isto foi pouco? Recebeste tão pouco?
7. Em Ti busquei refugio, ensina-me a fazer a Tua Vontade.
Resposta: Oh! Sim Senhor, Tu Te constituíste em nosso refugio (SI 89,1). Refugiei-me em Ti, ensina-me a fazer Tua Vontade (SI 142,9-10). Faz-me cumpri-la! Foste tocado pela compaixão, tiveste piedade vendo o povo seguir-Te ao deserto e lhe distribuíste o alimento, para que não desfalecesse no caminho. Propus-me seguir-Te ao deserto, jurei e decidi-me observar todas as prescrições de Tua justiça; com Tua graça não fraquejarei, não Te deixarei, e, das duas, uma: ou far-me-ás chegar ao termo da viagem começada ou cairei no caminho atrás de Ti - se é possível cair atrás de Ti!
Sei que apesar das enfermidades de meu corpo e da frouxidão ocasional de minha alma, se não Te deixar, não cairei, antes tirarei proveito de minha miséria; desde que, evidentemente, de Tua parte, não me abandones, não tendo mais paciência comigo.
Piedade Senhor! Vê minha pequenez, minha pobreza! Ajuda-me, carrega o pobre enfermo e miserável de corpo e espírito que sou! Inspira também a Teus filhos e servos que Te amam, o desejo de ajudar-me, de suportar-me: minha miséria far-lhes-á ganhar uma recompensa por sua paciência e misericórdia. Eu te pertenço, salva-me! Em Tuas mãos entrego o meu espírito; sê para ele o Mestre que ensina e guia, consolo, reconforto e luz! Dá-me essa Sabedoria que se assenta sobre Teu trono, que esteja ao meu lado, assista-me em meus trabalhos, que eu saiba em todo momento o que Te pode agradar; e não me rejeites do número de Teus filhos, pois sou Teu servo e o servo de todos os Teus servos.
8. Abandono completo de si mesmo. O fim do preceito é a caridade.
Quanto ao meu corpo, que Te pedir, Senhor? Realmente não sei... Mas sabes bem o que lhe convém. Se for da Tua Vontade, que esteja bem, seja cheio de saúde; mas, se isso Te agrada, que sofra e esteja enfermo, depois, quando quiseres, que ele morra!... mas desde que a alma seja salva no dia de Tua vinda. Só peço uma coisa, a Tua misericórdia a respeito de meu corpo: que me ensines, enquanto ele vive, a conduzi-lo, a guardá-lo de tal modo que não me entregue à sua voluptuosidade, sem lhe retirar por isso o que é necessário.
9. Dá-me o amor, ó Tu que quiseste ser chamado Amor.
O fim da Lei é o amor e este é também o fim de minha prece. Dá-me o amor, ó Tu que quiseste ser chamado Amor! Que eu Te ame mais que a mim mesmo e não me inquiete mais com o que poderás fazer de mim, desde que faças o que é agradável a Teus olhos. Dá-me, Pai, ser sempre, não ouso dizer Teu filho, mas Teu pequeno e fiel servo, a ovelha de Teu rebanho. Fala, Senhor, de vez em quando, ao coração de Teu servo e que Tuas consolações alegrem minha alma! Ensina-me a falar-Te com freqüência, a confiar a Ti, Senhor meu Deus e Pai, toda a minha pobreza e minhas necessidades! Ó Tu, que és minha força, tem piedade de meu débil ser e que Tua grande glória consista em que minha fraqueza permaneça fiel no Teu serviço!Amém.
Traduzido por Ir. Maria Salette da Cruz O. Cist.