SAN ELREDO DE RIEVAL Caminar con Cristo
Preparase para las llegadas de Dios
“La Iglesia ha previsto excelentemente que en este tiempo se repitan las palabras y se renueven los deseos de los que precedieron a la primera venida del Señor. Y no recordamos tales deseos un solo día sino por más tiempo, porque suele ocurrimos que lo que mucho deseamos, si se lo difiere un tanto, cuanto llegue aquello que se ama nos parecerá más dulce.
A nosotros toca, por consiguiente, queridos hermanos, seguir los ejemplos de los santos padres, recoger sus aspiraciones y, así, encender nuestro espíritu en el amor y deseo de Cristo. Debéis saber que, por esta causa, se ha determinado celebrar este tiempo, a fin de que atendamos al deseo que tuvieron nuestros santos padres de la primera venida del Señor y, por su ejemplo, aprendamos a esperar con ardiente anhelo su segunda venida.
Debemos considerar, pues, cuántos bienes nos ha hecho Nuestro Señor por su primer adviento y que serán mucho mayores por el segundo. Y así, por esta consideración, amar mucho aquel primer adviento y desear más el segundo. Pero si no tenemos tan buena conciencia para que nos atrevamos a desear su venida debemos, al menos, temer su llegada y, por ese temor, corregir nuestros vicios para que si, al menos podemos ahora temer, cuantos venga ya no temeremos sino que estaremos tranquilos.
Y a la verdad, hermanos, los que ahora están solícitos sobre sí mismos y temen aquel día del juicio antes de que venga, sin duda que no temerán entonces cuantos llegue. Y ¿quién es tan duro que no pueda temer aquel día cuando Nuestro Señor venga en su majestad, cuando ardan el cielo y la tierra, cuando se descubran todos los males que los hombres hicieran en esta vida delante de Dios y de sus ángeles, delante del diablo y de los suyos, y delante de todo el genero humano, desde Adán hasta el último hombre que habrá en el mundo? Sin duda, allí se publicarán todos los vicios y pecados que la confesión borró enteramente en esta vida. ¿Quien podrá no temer aquel día en el que cada uno deberá recibir lo que poseerá eternamente?
Es bueno, en efecto hermanos, pensar a menudo en estas cosas y, sobre todo, cuando aparecen las tentaciones. Entonces cada uno de los que eligieron la vida más perfecta, incluso quienes están en el siglo, deberá esforzarse para que, por su buena conversión, adquiera tal conciencia que no tema la pena en aquél día sino que desee la gloria y el gozo que tendrán los justos en esa ocasión. Y así como los santos padres deseaban aquel día en que iban a ser redimidos, así desee aquel día en el que todos los santos deberán ser glorificados. Pues El vino primero para libramos de nuestros pecados, mas en su segunda venida nos sanará de todos nuestros enfermedades”.
(SAN ELREDO DE RIEVAL, Caminar con Cristo, Sermones del tiempo y de los Santos, sermón 1,2, ed. E. Gowland, Azul 1986, p.10).
Trad. Portuguesa:
Preparar-se para a vinda de Deus
“A Igreja previu de modo excelente que neste tempo se repitam às palavras e se renovem os desejos daqueles que precederam a primeira vinda do Senhor. Não recordamos tais desejos apenas em um dia mais sempre, porque nos acorre o que muitos desejamos se o desferíramos, quando Ele chegar nos parecera muito mais doces.
Toca-nos, por conseguinte, queridos irmãos, seguir o exemplo dos santos padres, e recorrer às aspirações e, assim fomentar o amor e o desejo de Cristo em nosso Espírito. Deveis saber, que por causa disto, se determinou celebrar neste tempo, a fim de atendemos o desejo que tiveram os nossos padres da primeira vinda do Senhor, por seu exemplo aprendamos a esperar ardentemente a sua segunda vinda.
Devemos considerar, pois, quantos bens nos fizeram Nosso Senhor pelo seu primeiro advento e que serão muito maiores no segundo. E assim, por esta consideração, devemos muito amar aquele primeiro advento e muito desejar o segundo. Porém, se não temos uma boa consciência para nos atrevermos a desejar a sua vinda, devemos, ao menos temer a sua chegada e, por esse temor, corrigirmos os nossos vícios, para que assim, ao menos, possamos para que quando ele venha já não temamos mas estejamos tranqüilos.
Na verdade, irmãos, os que agora estão solícitos sobre si mesmo e temem aquele dia do juízo antes que venha, sem dúvida não temerão então quando chegue. E quem é tão duro que não tema aquele dia quando Nosso Senhor venha em sua majestade, quando arderem o céu e a terra, e quando se descobrirem todos os males que os homens fizeram nesta vida diante de Deus e dos seus anjos, diante do diabo e dos seus, e diante de todo gênero humano, desde Adão até o último homem que haverá no mundo? Sem dúvida, ali se publicarão todos os vícios e pecados que a confissão apagou completamente nesta vida. Quem não temera aquele dia no qual cada um deverá receber o que possuirá eternamente?
É bom, com afeito, irmãos, pensar com freqüência nestas coisas e, sobretudo, quando aparecem as tentações. Então cada um dos que optaram a vida mais perfeita, inclusive as que ainda vivem, deverá esforçar-se para que através da sua boa conversão, adquira tal consciência que não tema a pena naquele dia, mas que deseje a glória e o gozo que terão os justos nessa ocasião. E assim como os santos padres desejavam aquele dia em que com ser redimido, assim deseje aquele dia em que todos os santos deverão ser glorificados. Pois Ele veio primeiro para nos libertar do nosso pecados, e na segunda vinda nos sanará das nossas doenças”.
(trad. Fr. Adilson de Jesus Pereira Leal).