ELREDO DE RIEVAL

El espejo de la caridad

El yugo del Senor es suave y su carga ligera

"¿Hay algo más delicioso o más glorioso que, por el desprecio del mundo, verse por encima del mundo y permanecer en el vértice de la buena conciencia, tener al mundo entero bajo los pies, no apetecer nada de lo que se ve, no temer a nadie, no envidiar a nadie, no ser propietario de nada que pueda ser arrebatado por otro o que pueda decir que es malo para él? Al dirigir la mirada de su espíritu hacia aquella herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en el cielo, desprecia con nobleza espiritual las riquezas del mundo como corruptibles, los placeres carnales como contaminados, y todas las pompas del mundo como fugaces, y canta gozoso con el profeta: Toda carne es hierba y su belleza como flor del campo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra del Senor permanece siempre (…) ¿hay algo más afín a la tranquilidad divina que no inmutarse ante las injurias (…) acoger del mismo modo al amigo y al enemigo, y actuar como el que hace salir el sol sobre buenos y malos y envia la lluvia a justos e injustos?

Todo esto se encuentra en la caridad, y únicamente es posible hallarlo en la caridad; y también reside en ella la verdadera tranquilidad, la verdadera suavidad, porque ella es el yugo del Señor; si aceptamos la invitación del Señor y llevamos ese yugo, encontraremos descanso para nuestras almas, porqué el yugo del Señor es suave y su carga ligera".

(ELREDO DE RIEVAL, El espejo de la caridad, Libro primero-cap. XXXI, 87-88, Biblioteca cisterciense, Monte Carmelo, Burgos 2001, p.84).


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