Roma, 26 de Enero del 2007 
Fiesta de Nuestros Santos Fundadores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Queridos hermanos y hermanas todos:

 

Quizás os sorprenderéis al recibir hoy esta breve carta conjunta.  No obstante, es una realidad, y aquí estamos para saludar a todas las comunidades en la celebración de nuestros Santos Fundadores.

 

Bien sabéis que el año que recién concluye ha sido pródigo en gracias especiales para nosotros dos.  El Señor Jesús nos hizo partícipes de su cruz mediante el dolor y la enfermedad.  No podríamos haber recibido nada mejor, de la cruz viene no sólo la luz sino también la comunión, y vuestras cartas fraternas junto con la oración de todos por nosotros, son el primer signo de ella.

 

Su Santidad Juan Pablo II, en la carta que nos enviara con motivo del noveno centenario de la fundación de la abadía del Císter, nos decía:

 

Al volver hoy a su inspiración primitiva, al cabo de nueve siglos de historia continua, no siempre exenta de vicisitudes, la familia cisterciense se reconoce en la gracia fundadora de los primeros padres.  Descubre también la legítima diversidad de sus tradiciones, que son una riqueza para todos y expresan la vitalidad del carisma original; la Iglesia ve en ella la obra del único Espíritu a partir de un don idéntico.

En esta celebración de la fundación del Císter, animo vivamente a las comunidades que forman la gran familia cisterciense a entrar juntas en el nuevo milenio, en verdadera comunión, con confianza mutua y respeto a las tradiciones trasmitidas por la historia.  Que este aniversario del “nuevo monasterio”, que durante nueve siglos ha tenido una irradiación tan grande en la Iglesia y en el mundo, sea para todos la llamada de un origen y de una pertenencia comunes, así como el símbolo de una unidad que es preciso recibir y construir siempre.

 

Desde el pasado 1998 hasta la fecha, no es poco lo que se ha hecho a fin de recibir y construir la unidad en el respeto de las tradiciones históricas premisa indispensable para el dialogo de concordia en la diversidad, avanzando así en nuestra transformación en Cristo, a cuyo amor nada debemos anteponer (RB 4:21). 

 

Deseamos en esta celebración de Roberto, Alberico y Esteban, invitarlos a continuar cooperando con el Espíritu Santo a fin de que nuestro carisma común siga siendo fuente de gracias para nosotros, para la Iglesia y para el mundo.

 

Si con ánimo sincero aceptamos como base los fundamentos expuestos por nuestros Capítulos Generales en sus mensajes de comunión a las comunidades, al observar los signos de nuestro tiempo que nos impulsan a promoverla en la familia cisterciense, confiamos que también se podrá aplicar a nosotros cistercienses aquellas palabras que la liturgia de la Cena del Señor pone en la celebración del Mandatum: Donde hay verdadero amor, allí está Dios.  Y San Benito, al final del prólogo de su Regla, a la que los Santos Padres querían amoldarse (ExP 15), nos exhorta a correr por la vía de los mandamientos de Dios: De modo que, no apartándonos jamás de su magisterio, perseverando en su doctrina hasta la muerte en el monasterio, participemos de los sufrimientos de Cristo en la paciencia, y merezcamos también acompañarle en su Reino,  Amén  (RB, Prol.50).

                                               


Dom Maurus Esteva                                                              Dom Bernardo
Olivera

Abbot General OCist                                                                      Abbot OCSO