CURSO DE FORMACIÓN MONÁSTICA

 

carta del Abad General

a los estudiantes del Trienio de Formación Monástica,

en el Colegio San Bernardo, de la Orden Cisterciense, en Roma


OPCIÓN POR LOS JÓVENES

Queridos jóvenes,

Ayer, en Roma, firmamos los dos abades generales, O.Cist.-OCSO, la carta conjunta redactada para ser enviada a todos los monasterios, por correo electrónico, antes de las primeras vísperas de la solemnidad de los Santos Padres Fundadores de Cister.

Hoy, en el Monasterio de Mogiła, Cracovia, comienzo la redacción de dos nuevas cartas: una dirigida a los miembros del Sínodo de la Orden, para comunicarles las fechas de la celebración del que toca convocar este año y la que, siguiendo la consigna de Opción por los jóvenes, os escribo también a vosotros, con el anuncio de las fechas de próximo Curso de Formación Monástica.

En efecto, la inauguración del Curso y primer día de clases serán el día 22 de agosto, después de celebrar la solemnidad de San Bernardo en vuestro monasterio, y durará hasta el 23 de septiembre. Dentro de unos días se os enviará el programa de materias y otras noticias, con la esperanza de poder ofrecer de nuevo a los abades y abadesas la ayuda necesaria para la aplicación en cada comunidad del Estatuto de Formación, aprobado por el Capítulo General del año 2000, sin que esto represente un alejamiento de los jóvenes profesos durante algunos años, sino solamente un mes cada año, durante un trienio.

El recibir nuevos candidatos requiere, por parte de las comunidades, que se muestre solicitud para iniciarlos en la búsqueda de Dios, en el oficio divino, en la obediencia-colaboración para el bien común y en el comportarse como monjes, según la Regla de San Benito[1]. En la Regla no encontraréis de forma explícita referencia a los votos de castidad, pobreza y obediencia, pero los tres están contenidos implícitamente en la expresión conversatio morum=comportamiento, es decir, comportarse como monjes según la Regla de San Benito. De ahí viene que el estudio de ella ocupe un lugar especial entre las principales materias del Trienio.

Se ha dicho, y es verdad, que una comunidad monástica se fundamenta sobre la limitación y la debilidad de cada uno de sus miembros, pero hay que añadir que también lo hace sobre los dones, talentos y carismas, de cada uno de ellos, porque, en efecto, como leemos en el versículo 6 del prólogo de la Regla: …hay que estar dispuestos a servir al Señor con los talentos que ha puesto en nosotros[2], y al Señor se le sirve presente en los enfermos[3], en los huéspedes[4], en el Abad[5], en la Comunidad[6]; y en el capítulo 72 encontramos: que se soporten mutuamente sus debilidades tanto físicas como morales[7].

Así pues, es necesario que cada uno sea consciente de sus dones, y que el abad se los haga desarrollar de modo que después pueda coordinar los de todos para el bien común. Pero también debe ayudar a cada uno a conocer cuáles son los propios límites y debilidades que le impiden desplegar sus carismas personales –sin que el interesado lo deba manifestar, porque, con el transcurrir de los años, puede existir el peligro de que sea revelado, por las razones que sean (tal vez inconfesadas)– no sea que por la buena fe que le ha movido a descubrir su interior, quizá animado por el quinto grado de humildad[8], algún día deba lamentarse de ello, pero también sabemos, porque lo leemos en la Regla: …que si se trata de un pecado secreto del alma, lo manifestará solamente a su abad o a los padres espirituales, que saben curar sus propias faltas y las de los otros sin descubrirlas ni divulgarlas[9]. En el Curso se tiene la posibilidad de escuchar —y como una materia principal— la clase de psicología, que ayuda a profundizar en el conocimiento del propio defecto capital y a discernir cómo llevar la propia cruz sin manifestarla. Una persona sin intimidad no vale nada y, si los formadores, por escrúpulo o por querer salvar su imagen ante posibles futuras defecciones de sus pupilos, que deben presentar al capítulo conventual para su aceptación, o bien por envidia e incluso por miedo a tener un rival frente a ellos, descubren las confidencias recibidas de ellos, prueban que no son dignos de recibirlas ni, por supuesto, de ejercer la responsabilidad que se les confió de ser un anciano solícito para acompañar al principiante en su búsqueda de Dios.

He aquí el programa a seguir: combinar virtudes y defectos en nuestro caminar hasta dar la vida por los otros, como nos enseña el Señor en la narración evangélica del lavatorio de los pies en la última Cena: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros[10], o bien, Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros[11].

Este ha de ser el resultado de los Cursos de Formación Monástica. En la carta conjunta de los dos Abades Generales, que habéis leído hoy, os hemos dicho: Bien sabéis que el año que acaba de terminar ha sido pródigo en gracias especiales para nosotros dos.  El Señor Jesús nos hizo partícipes de su cruz mediante el dolor y la enfermedad.  No podríamos haber recibido nada mejor, de la cruz viene no sólo la luz sino también la comunión[12]. En la carta de agradecimiento, que os escribí tanto por las oraciones como por las muestras de amistad y solidaridad recibida por parte de las comunidades con ocasión del accidente que hizo necesarias para mí dos operaciones con anestesia general en el curso de cuatro día, ya os expliqué un poco lo ocurrido para descubriros algo la experiencia vivida, cosa que hemos repetido en la carta conjunta.

Los viajes a España (dos veces), a Polonia, también en dos ocasiones a Bolivia, Brasil, hoy en Polonia, Dinamarca y Alemania durante el período post-operatorio han sido ocasión de sentirme instrumento para todo lo que el Señor tenía dispuesto sobre los otros y sobre mí con respecto a ellos. Juan XXII decía: Dios lo ha hecho todo, yo no soy nada[13], y esto lo experimento de manera especial con vosotros, trabajando por vuestro desarrollo y transmitiéndoos mi experiencia para que aprendáis de mi lo que no hay que hacer y lleguéis a la conclusión de que Dios trabaja con instrumentos imperfectos. Es cosa que debe ser conocida de todos vosotros ya desde ahora.

Cuando yo era novicio, escuché de Juan XXIII las palabras escritas más arriba, pero entonces me resbalaron y no las entendía. Ahora vivo en la alegría y la serenidad de experimentarlas existencialmente. Los CFM y las visitas hechas a las comunidades me han hecho vivir lo que se lee en la Regla de San Benito: Si ve algo bueno en sí, atribúyaselo a Dios y no a sí mismo, lo malo en cambio se lo atribuya a si mismo[14]. Todo lo que he visto hacerse a mi alrededor, y que ingenuamente alguna vez se me ha atribuido, todo ha sido y es obra de Dios. También en el futuro podrán decirlo de igual manera de vosotros, creedme, y todos vosotros debéis tomar conciencia  de vuestros límites y de que somos frágiles vasos de barro cocido.

Los CFM me han hecho comprender que el Abad General es promotor y vínculo de la unidad. Promotor y coordinador de los proyectos y planes comunes, que exceden las posibilidades de las diversas comunidades o congregaciones, pero que son útiles o convenientes a muchos.  En la concepción y en la elaboración de tales proyectos, ha de tener una parte activa; además ha de suscitar las iniciativas de los demás; finalmente, los ha de llevar a la práctica con sus consejos y actuaciones[15]. Los Cursos son un testimonio de ello. Con su autoridad refrendada por las Constituciones, y utilizándola al servicio de todos, es el padre, y también el hermano entre los hermanos, según el espíritu de Cristo, deseoso de aprovechar más que de señorear[16]. Mediante sus cartas sus sermones y las demás formas de comunicación con la Orden, se comporta como cohermano, condiscípulo y consiervo del Señor, buscando junto con todos sus demás hermanos la verdad y la voluntad de Dios[17]. Sed conscientes de ello para aplicároslo a vosotros, salvadas las distancias.

 

En breve recibiréis el programa del CFM del año 2007 y extensa información complementaria del mismo.

 

Os saluda con afecto y amistad vuestro condiscípulo y consiervo en esta escuela del servicio del Señor que es el monasterio.

 

 Maur Esteva 

 

Cracovia, 26 de enero de 2007


[1] RB 58,7

[2] RB Prólogo, 6.

[3] RB 36: que trata de los hermanos enfermos.

[4] RB 53: sobre la recepción de los huéspedes.

[5] RB 2 y 63: el primero nos dice que el Abad ocupa el lugar de Cristo en el monasterio y el segundo que, en razón de esto, se le llamará “Señor” y “Abad”.

[6] RB 71: Toda la comunidad es la “casa de Dios”, el Cuerpo de Cristo, y los hermanos se servirán mutuamente.

[7] RB 72, 5.

[8] RB 7, 44-48

[9] RB 46, 5-6

[10] Jn 13, 34.

[11] Jn 13, 14-15

[12] Carta conjunta del 26/01/2007: Dom Mauro ESTEVA, Abad General O. Cist; Dom Bernardo OLIVERA, Abad General OCSO.

[13] Juan XXIII escribió esta frase el 16 de diciembre de 1902 en su Diario, y se la repetía a menudo.

[14] RB 4, 42; RB Prólogo, 29-32: Los que así proceden son los temerosos del Señor, y por eso no se inflan de soberbia por la rectitud de su comportamiento, antes bien, porque saben que no pueden realizar nada por sí mismos, sino por el Señor, proclaman su grandeza, diciendo lo mismo que el profeta: “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria”, al igual que el apóstol Pablo, quien tampoco se atribuyó a sí mismo éxito alguno de su predicación cuando decía: “Por la gracia de Dios soy lo que soy”. Y también afirma en otra ocasión: “El que presume, que presuma del Señor”.

[15] RB 2, 12-13: queremos decir que mostrará todo lo que es recto y santo más a través de su manera personal de proceder que con sus palabras. De modo que a los discípulos capaces les propondrá los preceptos del Señor con sus palabras, pero a los duros de corazón y a los simples les hará descubrir los mandamientos divinos en lo conducta del mismo abad. Y a la inversa, cuanto indique a sus discípulos que es nocivo para sus almas, muéstrelo con su conducta que no deben hacerlo, «no sea que, después de haber predicado a otros, resulte que el mismo se condene»; citado implicitamentemente en la  Declaración 123, b. Cfr. también RB 7,69-70 : …no ya por temor del infierno, sino por amor de Cristo y cierta costumbre santa y por la delectación de las virtudes. Lo cual se dignará el Señor manifestar por el Espiritu Santo en su obrero purificado ya de vicios y pecados.

[16] RB 64, 8: y sepa que más le corresponde servir que presidir. También en la Declaración 123, b.

[17] RB 64, 21: para que, después de haber llevado bien su administración, pueda escuchar al Señor lo mismo que el siervo fiel por haber suministrado a sus horas el trigo para sus compañeros de servicio. Cita de la Regla que encontramos en la Declaración 123, c. Esto es de gran importancia para describir la imagen del Abad que hicieron los miembros del Capítulo General de 1968-1969, retomada por los del año 2000.


Back to www.ocist.org