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CURSO DE FORMACIÓN MONÁSTICA |
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(del 22 de agosto al 22 de septiembre 2007) nota histórica El Papa Inocencio IV, con una bula pontificia, el día 5 de enero de 1245, autorizaba al Abad de Claraval, la apertura en París de un estudio de teología "para la salvación y honor de la Orden Cisterciense y para a ornamentación y gloria de la Iglesia Universal". En el curso de los años sucesivos, el nuevo Colegio, llamado de San Bernardo, hizo notables progresos. Algunos privilegios papales exaltaban su funcionamiento en relación con otros colegios análogos, situados en París. El mas precioso documento fue promulgado por Inocencio IV el 28 de enero de 1254 y con él era concedido al Colegio San Bernardo gozar de todos los derecho y privilegios que los Dominicanos y los Franciscanos ya tenían en posesión, y esta condición fue obtenida por los Cistercienses antes que cualquier otra Orden monástica, incluidos los Cluniacenses. Siguiendo la costumbre ya arraigada en los otros institutos de París, el Colegio San Bernardo era guiado por un Rector, que gozaba de plena autoridad sobre las cuestiones relativas ya sea al estudio ya sea a la disciplina. El Colegio fue iniciativa del Abad de Claraval, Esteban Lexington y continuó siendo de Claraval hasta que, a causa del peso económico que suponía para aquel monasterio, en el año 1320 la abadía se vio obligada a ceder su administración directamente al Capitulo General y a beneficio de toda la Orden. La bula Fulgens sicut stella de Benedicto XII (1335) fue el primer documento jurídico a propósito de los estudios académicos de los Cistercienses e inspiró una ola de Colegios como ya hubo anteriormente, interrumpida con ocasión de la Guerra de los Cien Años, de las guerras civiles y religiosas del siglo XVI. Las nuevas casas de estudios continuaron hasta que llegaron a los respectivos países, en donde estaban ubicados, los efectos de la Revolución Francesa: secularización, desamortización o como fiera llamada según los diversos contextos. Al final del siglo XIX se inició en la Orden Cisterciense un proceso de restauración que podemos resumir del modo siguiente: nueva serie de Capítulos Generales empezada en 1880 y que ya son 22 en total hasta el más reciente de ellos, en septiembre del año 2000; elección, en 1880, de un Abad General, sucesor del Abad de Cister; creación de una Curia General en Roma y de un Colegio Internacional, ubicado en la misma Casa General y en ininterrumpido servicio desde 1927 primero en Vía Giacomo Medici 3 y a partir de 1950 en Piazza del Tempio de Diana 14 (véase L.LEKAI, I Cistercensi: Ideali e realtà, Pavia 1989, pp. 102-112; P. ZAKAR, Historia de la Curta General de la Orden Cisterciense, Roma 1985, 1990, 1994 y 2000). Con ocasión del cincuenteno de la inauguración de esta segunda sede y de la aprobación de un Estatuto para la Formación en la Orden Cisterciense, se ha programado un curso principalmente para formadores, pero también para aquellos otros monjes que la capacidad del Colegio permita acogen. El programa, como puede veerse, está pensado para que sirva de reflexión sobre la identidad monástica de nuestra Orden y que tos formadores la transmitan a los candidatos de sus monasterios durante el tiempo de su iniciación.
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