Bernardo de Claraval ,Sermones litúrgicos (1º.)

 

 

La auténtica conversión del alma

 

 

       “Escuchemos: Convertíos a mí de todo corazón. Hermanos, si sólo hubiera dicho: convertíos, sin añadir más, quizá podríamos responder tranquilamente: “Ya lo hemos hecho,puedes mandarnos otra cosa”. Pero yo creo que aquí nos pide una conversión espiritual, que no se consigue en un día. ¡Ojalá pueda realizarse a lo largo de nuestra vida corporal! La simple conversión corporal no vale nada. Sería una conversión ficticia, no real; una virtud hueca so capa de piedad. ¡Qué miserable es el hombre que se entrega exclusivamente a lo exterior e ignora su interioridad! Se tiene en algo, siendo pura nada, y él mismo se engaña.  Estoy como agua derramada -dice el salmista poniéndose en lugar de ese hombre- y tengo los huesos descoyuntados. Otro profeta añade: Los extranjeros le han comido su vigor, y él sin enterarse. Atento a lo exterior, piensa que todo lo demás está sano y no advierte el gusano escondido que roe sus entrañas. Conserva la tonsura, no ha colgado los hábitos, observa los auyunos regulares, salmodia a las horas establecidas, pero su corazón está lejos de mí, dice el Señor”.

 

       (Bernardo de Claraval, Sermones litúrgicos (1º.),  sermones en el tiempo de Cuaresma, 2, a cargo de los monjes cistercienses de España, BAC 469, Madrid 1985, p. 415).

 


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