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     19.08.2006

necrologium
Ordinis Cisterciensis
19.08.2006

ORDO CISTERCIENSIS

ABBAS GENERALIS


19.08.2006:      225534


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21.08.2006 11:21

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Carta a los juniores y novicios

Queridos novicios y juniores:

Queridas novicias y juniores:

Al atardecer del siglo, en el primer Domingo de Adviento preparatorio de la Navidad que, con la apertura de la Puerta Santa, nos hará entrar en el A–o jubilar 2000, a–o de gracia para todos, os envío esta carta, porque pienso en vosotros que sois el futuro de vuestras comunidades y monasterios y, a través de ellos, también de vuestras Congregaciones unidas bajo el nombre de Orden Cisterciense.

La solemnidad de Todos los Santos del último a–o liturgico del siglo la he celebrado en el Monasterio de Vyssi Brod, República Checa, en donde me hallo para comentar los principales temas del pr"logo de la Regla de San Benito a los juniores de esta comunidad, que está en el difícil período de recuperaci"n, cuando ya se encontraba al borde de su exitinción en el momento de cambiar la situación política del país. Es aquí, en este contexto, donde he empezado a escribiros.

Al final del a–o 1989, en efecto, la "comunidad" de este monasterio constaba de dos monjes, entrados uno en el a–o 1934 y el otro en 1946, antes de la nueva supresión hecha en 1950 por parte del cobierno comunista del país. Durante la guerra mundial, el monasterio también fue suprimido por el gobierno hitleriano. Estos dos monjes tenían, a pesar de que uno convivi" poco tiempo con ella, la vinculación jurídica con la comunidad que ha dado dos abades generales a la Orden: el Abad Leopold Wackarz y el Abad Mateo Quatember. Lo que ellos han podido legar a los recién llegados es esto: un gran conjunto arquitectónico en estado ruinoso y dos monjes, que casi nunca vivieron juntos con la comunidad suprimida, para poder dar color monástico a los candidatos que llamaban a las puertas del monasterio y transmitirles jurídicamente la identidad monástica. Un trabajo humanamente difícil, por no decir imposible, de llevar a término.

La infatigable solicitud del Abad General Dom Policarpo Zakar por nuestra Orden, juntamente con la buena voluntad y generosidad del Monasterio de Heiligenkreuz (Austria), que abri" las puertas del noviciado a los candidatos de Hohenfurt (Vyssi Brod), hicieron posible que hoy tengamos un grupo de ocho j"venes con un Abad-Administrador, llegado de Polonia, esforzado buscador de medios para restaurar buena parte del monasterio, en un espacio de tiempo inusitado, y hacerlo habitable para la comunidad que está creciendo y formándose. 

La formaci"n humana, monástica y teol"gica, según el plan que el Sínodo y el Capítulo General de la Orden han dado para ser seguidos en los monasterios, es uno de los principales objetivos de las comunidades en el presente momento y que, en Vyssi Brod, se siente de manera especial. Desde 1968, y como aplicaci"n del decreto "Perfectae caritatis" del Concilio Vaticano II, el Capítulo General nos ha dado importantes documentos que es preciso transmitir y explicar a los candidatos en su proceso de formaci"n. Se trata de la Declaraci"n del Capítulo General de la Orden Cisterciense sobre los principales elementos de la vida cisterciense actual, y también de las Constituciones de la Orden Ci

sterciense. Igualmente debe ser recordado un documento de no poca importancia llamado Historia sumaria del derecho constitucional de la Orden Cisterciense, que es un buen complemento para profundizar en el conocimiento de la propia indetidad monástica. Este trabajo de Dom Policarpo Zakar, leído durante el Capítulo General de 1980, di" mucha luz a los capitulares en el momento de aprobar definitivamente las nuevas Constituciones de  la Orden, que, desde el Capítulo General de 1968, después del Conciio Vaticano II, hasta entonces, teníamos "ad experimentum". Además de estos documentos  básicos, cada Congregaci"n tiene ya aprobadas por la Santa Sede sus propias Constituciones, y podemos decir que, antes del capítulo general especial querido por el último Concilio, no teníamos tanta uniformidad constitucional como ahora, sin que con ella se haya lesionado el pluralismo de la Orden.

De todo esto y de los principales temas del pr"logo de la Regla de San Benito hemos tratado, durante mi estancia en Hohenfurt, con estos j"venes que cursan su quinquenio filos"fico-teológico en la "Philosophisch-Teologische Hochschule" de Heiligenkreuz. Antes de emitir su profesi"n solemne, según la Regla de San Benito y las propias Constituciones, no se puede dar por sabido algo que jamás es suficientemente conocido. Prácticamente cada Congregaci"n ha editado ya un volumen, en la propia lengua del correspondiente país, con los propios Textos Constitucionales, que, al lado de la Regla de San Benito, forma como un manual de iniciaci"n que hay que seguir según el programa de formaci"n antes citado.

Con los juniores de Vyssi Brod, antes de bendecir la gran parte del monasterio ya restaurado y preparado para ser habitado por los monjes y separado del conjunto monumental con el nombre de CLAUSURA, hemos estudiado los principales temas del pr"logo de la Regla de San  Benito -como ya dije- y que son: Cristo, servicio, paciencia y temor de Dios.

Estos temas se hallan en las principales secciones de la Regla de San Benito, forma concreta de seguimiento de Cristo para los monjes de Occidente, y son como cuatro columnas sobre las que el monje debe edificar su vida monástica. De esta manera hemos llegado a formular una definici"n de monje según San Benito y también de monasterio a fin de no buscar fuera de la Regla el contenido de estos conceptos. Era necesario hacerlo precisamente en el momento de restauraci"n de la vida monástica de esta Congregaci"n del Purísimo Corac"n de María, de la Orden Cisterciense, en Bohemia.

Es importante darnos -y lo hemos hecho en estos días- cuenta de que el abad es un siervo que suministra la alimentaci"n a sus consiervos, tal como lo dice Benito en el cap. 64,21-22 "...para que, después de haber llevado bien su administraci"n, pueda escuchar al Se–or lo mismo que el siervo fiel por haber suministrado a sus horas el trigo para sus compa–eros de servicio..." y  también que el monasterio es "la casa de Dios y el abad su digno administrador", según RB.,64,5.

Aunque el modelo de familia ahora sea clásico y tradicional, casi canonizado, porque es posible hallarlo (como por ejemplo el nombre "Familia Cisterciensis") en documentos oficiales e incluso es utilizado por monjes y monjas para designar el propio monasterio de manera simple, San Benito no utiliza el término familia y sus derivados. El abad, según RB, es un siervo y los monjes los consiervos, como ya hems visto. El término "paterfamiias" se encuentra una sola vez, en el c.2 de RB y con relaci"n a Dios y no al abad. El abad, en cambio, es presentado como el pastor que debe rendir cuentas al padre, Dios (RB., 2,7).

Los cambios intencionados, en las citas bíblicas, para aplicarlos al abad, son muy importantes para conocer qué tipo de abad nos da RB 64,21, "...para que, después de haber llevado bien su administraci"n...,". Benito hace alusi"n a Mateo 24,45, como dicen  los comentadores de la Regla, " Quis putas est fidelis dispensator et prudens, quem constituit Dominus supra familiam suam, ut det illis in tempore tritici mensuram?, pero es también una palabra usada por Lucas 12,42: "Quis putas est fidelis dispensator et prudens, quem constituit Dominus supra familiam suam, ut det illis cibum in tempore?" A pesar de todo es evidente que en la Regla hay mutaciones, sin las cuales las consecuencias para la vida práctica serian diferentes. Es cierto que, en los formularios eucol"gicos litúrgicos antiguos, se encuentra el nombre familia aplicado a la Iglesia, pero Benito no lo usa para la designar la comunidad y en este punto, además, utiliza "siervo" para el abad, cuando en el versículo 5 del c. 64 ha usado "dispensador" = administrador, que nos recuerda Lucas.

El monasterio, según a RB, no es ni un desierto ni una familia. Es una casa de Dios, una iglesia (RB.,31,19; 53,22; 64,5), una comuni"n que tiene a su cabeza uno que representa Cristo, "Christi enim agere vices in monasterio creditur"(RB.,2,2), que da la vida por sus hermanos coordinando los dones y talentos de todos para el bien común. Si concibo el monaste

rio como un desierto, entonces justificaré mi automarginación de la comunidad y la no asistencia a la recreación porque es contraria a mi modelo de monasterio como desierto. Si lo concibo como una familia, haré de mi celda un lugar de encuentros a cualquier hora, perque en una familia se hace así.

Creo que hay que dejar claros estos conceptos ya desde el comienzo de vuestra vida monástica, y os aconsejo hacerlo cuanto antes. Es decir, hallar un  modelo fiable de monje, de monasterio así como de sistema de oración y espiritualidad sacados de la Regla de San Benito, según la cual hacemos nuestra profesión y también el Patrimonio Espiritual Cisterciense, pero en manera alguna tomarlo prestado de cierta literatura monástica, tal vez atrayente, pero que puede alejaros de la propia tradición.

Hay que establecer primeramente cual es la propia identidad nacional, social, cultural, confesional, monástica, y después ya se  hablará de fin secundario del monasterio, con actividades pastorales y docentes o sin ellas que pueden ser contingentes, y que jamás  han de servir para decir que hay monjes de primera o segunda categoría según la clase de actividad asumida por la comunidad, tal vez en contra de su voluntad, para poder subsistir como tal. Las necesidades de la iglesia local y las posibilidades reales del potencial humano residente en el monasterio permitirán encontrar la justa manera del diálogo entre la comunidad y la Iglesia local, con las otras "rdenes religiosas y con la sociedad.

La entrada en el tercer milenio del Crsitianismo, con un a–o jubilar, un a–o de gracia, a punto de ser empezado, es una ocasi"n para reconciliarnos con nosotros mismos, con Dios y con nuestro entorno monástico-religio y socio-político. Como consecuencia de esto podremos hablar de "Comuni"n Cisterciense". Para vosotros es el momento de profundizar en el misterio de vuestra llamada, antes de pedir la misericordia de Dios y de la Orden y de adquirir vuestro compromiso que os vinculará para toda la vida con la comunidad y con el lugar. Pero no sois solamente vosotros y vuestra comunidad quienes deben reflexionar, antes de pedir -y humildemente esperar que se os conceda-, un espacio para vivir vuestro seguimiento de Cristo en esta forma de vida, sino que todos nosotros debemos hacerlo sobre nuestra propia llamada, porque la vocaci"n es algo que cada día reencontramos bajo la almohada, cuando nos despertamos para ir a vigílias y, ya al amanecer, at"nitos, tenemos que exclamar: "Dios mio, ven en mi auxilio!", porque -y siempre recordando la Regla de San Benito (prólogo 41), "...para aquello que no puede en nosotros la naturalea, roguemos al Se–or que quiera otorgarnos  su gracia", y sabemos que, con las propias fuerzas naturales nos es imposible seguir "nuestro camino bajo la guia del Evangelio" (RB.,pr"l. 21). Amén.

Con afecto os desea un  Santo Adviento,

Vyssi Brod, 1 de noviembre de 1999

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